Pesca de dorada en el Guadalquivir

Pasan algunos minutos de las siete de la mañana de un sábado de final de verano. El mar está en calma, la ciudad al fondo de este cuadro, comienza a despertar en silencio. Hoy no se escucha el ruido de los motores de la flota pesquera profesional, es su día de descanso. Con las primeras luces observo todas las cañas desplegadas en la popa del barco. Esta calma, sólo puede interrumpirse con el sonido de un carrete delatando esa gran pieza que tanto espero.
OLYMPUS DIGITAL CAMERA Las doradas tienen bajo mi barco un surtido exquisito de carnada variada: Coñetas (Carcinus maenas), muergos (Solen marginatus), albañiles (Xantho pilipes, Xantho poressa) y bocas (Uca tangeri).
He colocado en cada caña, un tipo diferente de cangrejo.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA
OLYMPUS DIGITAL CAMERA
También algún muergo (o navaja) como bivalvo más representativo susceptible de ser anzuelado.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Cada caña tendrá un sedal de 0,5 milímetros de grosor, con su plomo de 115 gramos y un terminal de 0,5 milímetros. Hilos gruesos para un fondo rocoso o mixto. Todo pensado y preparado para un pez, que luchará por cortar el hilo y que empleará todas sus fuerzas en soltarse, con sus continuos cabeceos y carreras hacia el fondo.
Un pequeño y corto movimiento de la caña, casi inapreciable para novatos, me hace cogerla con suma rapidez y dar un tirón hacia mí.

Pesca de dorada en el GuadalquivirEsta vez, he enganchado el pez al anzuelo. Comienza la lucha entre el pez y yo. Pequeñas huidas hacen sonar la chicharra de mi carrete. A veces el pez se queda quieto, impidiendo que recoja hilo con el consiguiente peligro de rotura del sedal.

Pesca de dorada en el GuadalquivirOtras, en sus carreras o huidas, buscará esa roca para protegerse y que le ayudará a cortar el hilo. Al cabo de unos minutos, la batalla parece que está decidida. La dorada se da por vencida y comienzo a subirla a superficie. Un tremendo resplandor plateado, nos avisa que está a menos de un metro de la superficie, la cojo con el salabar y la deposito en el suelo del barco y contemplo su belleza sin igual.

Pesca de dorada en el Guadalquivir

Un brillante plateado coronan este trofeo, algunos últimos movimientos de la dorada rompen el silencio de la escena que contemplo. Le quito el aparejo al pescado con rapidez, vuelvo a anzuelar otro cangrejo y tiro de nuevo la carnada al fondo. La jornada aún no ha acabado.

Pesca de dorada en el Guadalquivir

Vuelven nuevas sensaciones, algún que otro pez es izado a bordo, otros se escaparan, esa es la ley del mar. La jornada de pesca ha transcurrido en menos de tres horas. Una primera hora antes de la pleamar y el restante tiempo de agua parada hasta que comienza a bajar.

Pesca de dorada en el Guadalquivir

Hoy era un día de suerte y los peces comenzaron su actividad antes de pleamar, en un corto periodo de tiempo, coincidiendo con las primeras luces del alba. Con la alegría de un día bueno de pesca, ponemos rumbo a puerto.

Pin It on Pinterest

Share This