Parece que amainan los temporales y llega una nueva estación. Esto me recuerda que llegan buenos tiempos, buenos tiempos de pesca.Días de pesca en el Guadalquivir Entre la pesca mas gratificante que existe, sin contar la captura de esa gran dorada de foto o ese hermoso robalo o esa corvina que nos llenara el arcón para el invierno, está simplemente la jornada de pesca sin rumbo y sin objetivo concreto. Me refiero a esos días de pesca en los que nos embarcamos sabiendo que algo pescaremos, pero no sabemos qué y simplemente, nos da igual. Recuerdo días de llenar el barco de bailas, robalos y alguna corvinata, cuando nuestra intención, además de dar un paseo, era probar si habían entrado los tambores (o pez ballesta) y chocos ( o sepias), de los que más tarde hablaremos.
Para que se de un buen día de pesca, se necesita llevar un mínimo de material. Nunca saldría a navegar sin una caña de lance con un carrete de peso ligero. Tampoco saldría sin una caja llena de anzuelos, peces artificiales, plomos y varias cañas con sus carretes de diferente tamaño. ¡Vamos!, que no es una casualidad salir a pasear y volver con una nevera llena. 😉 Jejeje
Este año, huyendo de la civilización nos hemos aficionado a ir en busca del tambor.
Pez tambor o pez ballesta
Este pez recibe también el nombre de pez ballesta o pez cochino. Pez feo, de ojos grandes sin escamas, con una piel que hay que ser un profesional para quitársela. Tiene un sabor y calidad desconocidos por muchos. Para pescar los tambores, es muy importante buscar esa piedra , barco hundido o arrecife artificial o natural en el que se resguarda. Teniendo el sitio, solo nos hace falta la carnada y un equipo fuerte para soportar la lucha de este poderoso pez. Utilizaremos unas puntillitas congeladas y anzuelos relativamente pequeños pero reforzados , ya que la fuerza de este pez puede romperlo con total seguridad. De hilo nos podría servir un monofilameto del 50 milímetros.


En nuestras jornadas de pesca era frecuente estar pescando tambores y que de repente nos sorprendieran empezado a entrar al anzuelo brecas, mojarras, chicharros ,caballas, chocos y hasta algún pulpo despistado.
El mar esconde una multitud de especies, infinitas formas y colores que siempre terminan inundando nuestra embarcación. Dejándonos un espectáculo de la riqueza que, a pesar de todo, seguimos teniendo por estas aguas del Guadalquivir.
Días perfectos de sencillez, de entrega, de disfrutar de lo básico, de los instantes casi mágicos que nos regala la naturaleza. Días cálidos ( y no tanto) donde la brisa del mar nos trae esas gotitas de sal , donde escuchamos el rumor de las olas, disfrutamos con la luz y con ese balanceo del barco. Una tripulación, barco y equipo perfecto, completan una jornada que muchos no lo cambiarían por nada, desde luego nosotros por muy poquitas cosas.

 

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