Eso me comentaba el otro día una amiga , que la remolacha no le gustaba porque sabía “como a tierra”  Y es cierto, tiene matices que podrían recordarnos ese sabor a tierra. No está lo presente que debería en nuestra mesa, de hecho la sembramos fuera de temporada por capricho y el resultado ha sigo genial. Unas remolachas, muy poquitas, hermosas  de tamaño y con unas tonalidades que nos dejaban con la boca abierta. Prueba superada 🙂

Así que viendo lo que hemos disfrutado de este cultivo, ahora que si es su tiempo, volveremos a sembrarlas.

 

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