Los días de poniente en verano, cuando no podíamos salir a pescar, hemos estado haciendo rutas en bicicleta. Es increíble la de cosas que te permiten ver esos carriles imposibles y caminos perdidos. Una de nuestras rutas preferidas ha sido esta que os traigo hoy. Un paseo por las Salinas de Bonanza. Están en pleno parque nacional de Doñana,  con el coto a un lado tras el Guadalquivir  y el monte Algaida al otro. Un rincón en el que consigues trasladarte a un espacio único, rodeado de naturaleza, donde se respira paz y vida. Aves que vienen y que van, donde el rojo de los flamencos y la majestuosidad de las garzas imperiales, colorean los atardeceres de otoño llenos de nubes de formas caprichosas.en una salina escondida tras el Guadalquivir y olvidada por muchos.

Un regalazo del que pudimos disfrutar ayer y que sabe supo casi a despedida. Con la lluvia en la marisma, la salina se hace casi intransitable. Las montañas de sal nos avisan que el frío está a puntito de llegar , al menos por el norte, hacia donde los trailers cargados de sal irán.

Una lástima no haber llevado la cámara de fotos, aunque el móvil os ayudará a que os hagáis una idea y os animéis a conocerlo. Prometemos volver un día con la cámara, pero creo que merece la pena compartir este paseo que dimos en una preciosa tarde otoñal. Espero que os guste.

 

 

Y unos breves instantes en vídeo para trasladaros allí con nosotros.

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