Disfrutar de un paseo de campo por el trigo y bajo ciruelos en flor.Un girasol en el cultivo de trigo.

Hubo un tiempo en el que siempre tenía la sensación de perderme cosas. Estaba en Madrid,y era relativamente feliz. Todo lo feliz que se puede ser cuando todavía estás buscando un sitio donde te sientas tan bien como para quedarte. Nací en Cádiz, y los que hemos tenido la suerte de criarnos en esta provincia, estamos acostumbrados a oler a mar, a algas, a roca, a disfrutar de las distintas texturas del viento y sentir el calor de la arena de playa.Todos esos recuerdos de sensaciones me hacían sonreír, sensaciones que sólo podía recordar y que en esos momentos no podía disfrutar. Sin duda, algo me estaba perdiendo. 

Pues bien, como muchos habéis podido sentir, ya ha llegado la primavera. Estos días en el campo son una auténtica delicia. Formas, colores, distintos despertares tras un largo letargo. Cultivos que empiezan a correr, tierras que se secan e infinitas muestras de comienzo de una vida nueva. Ayer, mientras contemplaba todo esto, me acordé de la cantidad de gente querida que por un motivo o por otro no lo podía disfrutarlo como yo. Por esa razón tomé estas imágenes que, aunque no son muy buenas, quiero compartir con vosotros.

Quizás penséis que son un poco boba, pero os garantizo que si os concentráis, podréis sentir el viento de levante barriendo el trigo como si de un mar verde se tratara o trasladaros al campo a contemplar con admiración la belleza de un ciruelo en flor.

Espero de corazón que os llegue toda la energía que os mando desde este rinconcito mágico donde si decidí quedarme.

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