Un día mi hermana pequeña me enseñó que “de todo lo malo que te pasa en la vida, siempre, SIEMPRE hay que sacar una enseñanza positiva”. Y como le digo, me encanta que de cuando en cuando haga de hermana mayor.

Son días duros, que cada uno llevamos como podemos. Días de reflexión y aprendizaje. Días de querer y de echar de menos. Pero hay dos cosas que a mí me están ayudando. Y me apetecía contárosla.

Una es que no me exijo demasiado. Los primeros días casi me estreso de la de cosas que quería hacer de esas que siempre iba aparcando. Ahora voy haciendo cosas, lo cierto es que no paro, pero priorizo en aquellas que me apetecen y así las voy disfrutando. La otra es que no me marco demasiadas metas. Con que cada día estemos medio bien, me doy por satisfecha. Debemos tener paciencia, esto va para largo.

También sé que soy una privilegiada, y lo digo con la máxima humildad, pero muy consciente de lo que la vida me regala.

Pero el privilegio no viene por lo que tenga o deje de tener, viene por lo que necesito para ser feliz, o al menos, para estar bien.

Los que me seguís de hace tiempo sabéis que mi vida dio un buen golpe de timón hace ya más de 20 años. Nadie me entendió entonces, y ahora muchos me entienden un poco más y alguno ha seguido mis pasos.

Marqué un ritmo más tranquilo, más consciente y al final del camino además, me encontré con el amor y ¡cerquita del campo!. No necesito nada más. Sólo saber que mis seres queridos están bien, poco más. Bueno si, que pronto podré abrazarlos.

Esto va de desprenderse y de mejorar. De aprender y de reflexionar.

Y yo sigo teniendo suerte, porque a los que vivimos cerca de la tierra y del mar, la vida no ha cambiado tanto. Os cuento un poco de nuestra instagramera #Slowlife o lo que siempre se ha llamado nuestra vida de campo.

No dependemos de los supermercados, salvo por algunos productos básicos.

En cada cosecha conservamos las verduras para el invierno, porque nadie más que el que trabaja la tierra sabe que no siempre hay cosecha y hay que estar preparados.

El mar nos da grandes momentos de desconexión disfrutona y además, nos regala pescados que congelamos y ahora nos alimentan.  

Somos muy conscientes de lo que cuesta sembrar, cultivar y esperar con los dedos cruzados hasta la cosecha. Me habréis escuchado una y mil veces que “El ritmo lo marca el campo” y ahora más que nunca veo que es verdad.

Por eso es tan importante que llueva, que nos acordemos de que lo que a veces os molesta, hace bien al agricultor. Eso que trabaja la tierra y que necesita de esa lluvia para sembrar lo que luego nos va a alimentar.

Mucho, tenemos mucho que reflexionar. Pero debemos hacerlo desde la calma.

Pero quiero trasmitiros un mensaje optimista. Estoy segura de que pasará pronto y será para bien. Debemos mejorar como personas y como sociedad. Esta guerra, porque no es otra cosa que una guerra,  es de lo más retorcido y de la mayor maldad. Pero entre todos la vamos a ganar.

Por eso te pido quédate en casa por favor. No busque excusas para salir. Piensa que cada vez que sales te expones y expones a cualquiera que puede morir. De corazón te lo pido quédate en casa, redescubre a tu familia, trabaja para ser feliz. Aprovecha y descansa.

Se que no estáis aquí para escucharme, este blog es un punto de encuentro para hablar de cocina, de campo y de mar. Pero estoy segura de que me vaias a perdonar. Me aperecía compartir . Debemos soltar.

Y ahora si, quiero despedirme con este poema que me encantó y que en cierto modo resume parte de mi reflexión por alguien que sin duda escribe mejor que yo. 😉

Cuidaros mucho, cuidarnos mucho y vamos a por otra semana!

Y recuerda #QUEDATEENCASA #YOMEQUEDOENCASA

¡Un abrazo y GRACIAS por estar ahí!


Aquí comparto un poema de Kitty O’Meara , está en las redes , pero si no lo cococéis aquí lo tenéis. Espero que os guste.

«Y la gente se quedó en casa.

Y leyeron libros, escucharon, descansaron, ejercitaron, hicieron arte, jugaron juegos, aprendieron nuevas formas de ser y se quedaron quietos.

Y escucharon más profundamente.

Algunos meditaban, otros rezaban, algunos bailaron. Algunos se encontraron con sus sombras.

Y la gente comenzó a pensar de manera diferente.

«Y la gente sanó. Y, en ausencia de personas que vivían en formas ignorantes, peligrosas, sin sentido y sin corazón, la tierra comenzó a sanar. «

Y cuando pasó el peligro, y la gente se unió de nuevo, lamentaron sus pérdidas, tomaron nuevas decisiones, soñaron con nuevas imágenes y crearon nuevas formas de vivir y sanar la tierra por completo, ya que habían sido sanados».

~ Kitty O’Meara

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