Este verano empezamos a aficionarnos a probar lechugas diferentes, quizás cansados de las de siempre o también de las bolsitas de las grandes superficies. Yo creo que no comía lechugas sembradas desde que era pequeña y las tomábamos en el campo de mi abuelo. Como ocurre con casi todo los cultivos, las lechugas que plantamos saben a algo diferente de lo que nos tienen acostumbrados.
Permitidme que comience mostrando cómo han crecido aquellas lechugas salvajes que plantamos en diciembre. Quién nos iba a decir que llegarían a este tamaño. Todavía están acogollando (cuando forman el cogollo de manera natural) y ya en poco tiempo las podremos tomar para continuar con esa operación ensalada.  
Presumiendo de lechugas salvajes
Probar sabores y texturas nuevas es casi un vicio. Como si de coleccionismo se tratara, cada vez que vemos que hay una nueva, la identificamos, localizamos las semillas o los plantones y a esperar que crezca.

Este cultivo en invierno es muy agradecido, casi crecen solas. Me gusta repasar el liño ( las líneas de cultivo en el huerto), quitando las malas hierbas que compiten con las lechugas, mientras disfruto de los colores llenos de vida que presentan estas increíbles amiguitas. He de reconocer que las lechugas son las que más mimamos en el huerto y os aseguro que cuidamos mucho todos los cultivos.
A los que vivís en la ciudad y no disponéis de huertito, ni de espacio o jardín, os diré que en maceta se cultivan estupendamente. Para los que tenéis un macetohuerto o lo estáis pensando, sólo tenéis que aseguraros de que tenga un tamaño suficiente para que la planta se pueda alimentar bien.
Hoy, si os parece, os vamos a enseñar algunas fotos de las variedades que están más crecidas y poco a poco os iremos contando un poquito más de cada una de ellas.

Lechuga Trocadero


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